¿QUÉ ES UN ICTUS?

Un ictus es una emergencia médica que ocurre cuando la sangre no llega correctamente a una parte del cerebro. Esto puede suceder por dos causas principales:

  • obstrucción de un vaso sanguíneo (ictus isquémico),
  • rotura de un vaso sanguíneo (ictus hemorrágico)

Cuando el cerebro no recibe suficiente sangre, sus células se quedan sin oxígeno ni nutrientes y pueden dejar de funcionar en pocos minutos. Si la interrupción dura más de unos segundos o minutos, puede producirse un daño cerebral permanente.

A veces, el vaso sanguíneo obstruido se vuelve a abrir rápidamente y los síntomas desaparecen por completo. Esto se denomina accidente isquémico transitorio (AIT). Un AIT es una señal de alerta importante, ya que indica un mayor riesgo de sufrir un ictus en los días o semanas siguientes. Ante cualquier síntoma, es esencial solicitar ayuda urgente.

3 PREGUNTAS SOBRE EL ICTUS

¿Cuáles son los síntomas de un ictus?

Los síntomas de un ictus pueden aparecer de forma aislada, aunque es más frecuente que se presenten varios de manera simultánea. Su inicio es habitualmente brusco y pueden evolucionar rápidamente hacia la mejoría, el empeoramiento progresivo o el establecimiento inmediato de un déficit neurológico máximo.

Entre los síntomas más característicos se encuentran la asimetría facial o desviación de la boca, así como la alteración del lenguaje, que puede manifestarse como dificultad para hablar, para encontrar palabras o para comprender lo que se dice. También pueden aparecer pérdida súbita de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, pérdida de visión en uno o ambos ojos, inestabilidad o dificultad para caminar, mareo o dolor de cabeza intenso sin causa aparente o confusión repentina.

Ante la aparición de cualquiera de estos signos, es fundamental actuar con rapidez y activar de inmediato los servicios de emergencia, ya que el tratamiento precoz es clave para reducir las secuelas.

flecha infografía resumen de los síntomas del ictus

Fuente: - Generalitat de Catalunya. Fundació Ictus.

¿Cuántos tipos de ictus existen?

Existen dos tipos principales de ictus: ictus isquémico e ictus hemorrágico.

El ictus isquémico se produce cuando una arteria que irriga sangre al cerebro se bloquea por un coágulo de sangre o por el depósito de partículas de sangre sobre una placa de ateroma (sustancia adherida a la pared del vaso sanguíneo, cuyo principal componente es el colesterol).

Esto puede producirse mediante varios mecanismos:

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Ictus aterotrombótico

La hipertensión arterial, el colesterol alto, el tabaquismo, la diabetes o la obesidad favorecen que en la capa más interna de los vasos se formen las placas de ateroma, que van estrechando las arterias progresivamente. Sobre estos depósitos acaban produciéndose lesiones superficiales que dan lugar a la formación de trombos sanguíneos que taponan el vaso impidiendo el paso de sangre.

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Ictus embólico

Un coágulo se desprende en alguna parte del sistema circulatorio, trasladándose al cerebro y produciendo allí la obstrucción. Estos trombos circulantes pueden provenir del territorio arterial de alrededor o bien formarse en el corazón como consecuencia de problemas cardíacos como arritmias.

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Ictus lacunar

La hipertensión es el principal factor de riesgo que favorece la obstrucción de las arterias pequeñas que irrigan estructuras profundas del cerebro.

Al ictus hemorrágico también se le denomina “derrame cerebral” y está producido por la rotura de un vaso sanguíneo del cerebro (hemorragias por causas no traumáticas). El factor de riesgo más importante es la hipertensión arterial.

Hay dos subcategorías de ictus hemorrágico, el cerebral y el subaracnoideo. El primero afecta al parénquima encefálico que es un tejido constituido principalmente por neuronas y vasos sanguíneos; en el segundo, gran parte del sangrado se localiza entre el cerebro y las membranas que lo recubren (meninges).

El accidente isquémico transitorio tiene lugar cuando el flujo de sangre a una parte del cerebro se detiene por un breve período de tiempo. Se produce una alteración temporal de la función cerebral que suele durar menos de una hora y no se produce daño cerebral permanente. Sus causas y síntomas son los mismos que los de un ictus isquémico y confiere la misma gravedad.

¿Qué secuelas pueden dejar?

Las personas que hemos tenido un ictus podemos experimentar una gran variedad de limitaciones y complicaciones que pueden dificultar nuestra recuperación. Después de un ictus, un tercio de las personas tiene una recuperación satisfactoria, otro tercio queda con secuelas graves y el otro tercio de los ictus son fatales.

El principal determinante del alcance de las secuelas posteriores a un ictus es su gravedad inicial, relacionada con el tamaño de la arteria obstruida y el área del cerebro lesionada. También es muy importante recibir asistencia sanitaria urgente ante cualquier sospecha de que nosotros (u otra persona) estamos sufriendo un ictus.

Es importante tener en cuenta que, además de la parte física, también podemos sufrir secuelas psicológicas que pueden necesitar atención y tratamiento.

Las personas que hemos sufrido un ictus podemos presentar las siguientes complicaciones y secuelas

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Pérdida de fuerza, falta de coordinación, pérdida del control del movimiento y/o espasticidad (aumento del tono muscular que hace que los músculos estén contraídos permanentemente)

Estos signos y síntomas tienden a mejorar, aunque es posible que, a pesar de la rehabilitación, la recuperación no sea completa. Es recomendable que nos mantengamos activos dentro de nuestras posibilidades y, en caso de personas totalmente dependientes, realizar ejercicios pasivos.

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Propensión a caídas

Es un motivo por el cual es recomendable fortalecer la musculatura y entrenar nuestro equilibrio. También es aconsejable identificar y modificar aquellos elementos del hogar que puedan suponernos un riesgo de caídas: retirar alfombras, utilizar sillas en la bañera/ducha, colocar asideros, y utilizar calzado de suela antideslizante.

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Trastornos visuales

En ocasiones se produce una pérdida de visión de la mitad del campo visual (“hemianopsia”) y no siempre las personas afectadas somos conscientes de que nos sucede. Con un poco de entrenamiento, eje fundamental de la recuperación, aprendemos a compensar girando la cabeza para mirar hacia el lado afectado. Otros trastornos que pueden aparecer son: diplopia (visión doble), parálisis o pérdida de agudeza visual.

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Trastornos de la comunicación

Nos referimos a problemas para emitir o comprender el lenguaje (“afasia”), para articular las palabras (“disartria”) o trastorno de la voz (“afonía”), para los cuales conviene llevar a cabo rehabilitación con un logopeda. Puede llevar años recuperar el habla y no todas las personas la recuperamos por completo. Podemos aprender nuevas formas de comunicarnos efectivamente utilizando tablets o pizarras, o algún sistema de fichas o fotografías para que podamos darnos a entender.

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Alteraciones de la sensibilidad en el lado afectado

Pueden manifestarse con hormigueo, sensaciones desagradables o falta de tacto, por lo cual hemos de tener especial cuidado para evitar quemaduras, cortes y otras lesiones sin que nos demos cuenta.

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Dolor

Puede presentarse dolor en la mitad del cuerpo afectado, es una de las complicaciones más frecuentes. Mantener una analgesia adecuada (siempre pautada por un profesional sanitario) nos ayudará a aliviar el malestar que genera tener dolor.

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Disfagia (dificultad para tragar)

Para ello podemos modificar la textura de la dieta y/o utilizar técnicas de alimentación seguras con el uso de espesantes y una correcta postura. En los casos más severos puede ser necesaria una sonda nasogástrica (sonda que lleva los alimentos al estómago desde la nariz) o una gastrostomía (colocación de una sonda practicando un pequeño orificio a la altura del estómago, desde la piel) en el caso de que se prevea que sea necesaria un largo periodo de tiempo.

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Incontinencia urinaria y/o fecal

Suele ser una secuela transitoria aunque puede perdurar en personas con secuelas importantes, requiriendo sondajes vesicales o la utilización de un pañal.

Pueden darse en cualquier momento del proceso. Cada fase implica unas dificultades diferentes y la adaptación a las mismas puede producirnos síntomas.

En las fases iniciales suelen darse con más frecuencia problemas en el control de impulsos (reacciones explosivas, cambios bruscos e intensos de humor, impulsividad), y después van apareciendo otros que tienen que ver con la adaptación a las circunstancias (tristeza, frustración, preocupación, nerviosismo, irritabilidad).

Dependiendo de las áreas afectadas por el ictus pueden alterarse diferentes capacidades mentales:

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Enlentecimiento en el procesamiento de la información: necesitamos más tiempo para responder o reaccionar.
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Trastornos de atención: son los síntomas más frecuentes. Pueden aparecer dificultades para concentrarnos o para mantenernos atentos en actividades largas (una conversación, durante el visionado de una película, etc.).
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Problemas de memoria: por ejemplo para recordar cosas que hemos hecho o nos han dicho, o para tener presentes las actividades que debemos realizar (citas médicas, recados, etc.).
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Pérdida de habilidades de organización y planificación: por ejemplo, para cocinar platos complejos o para distribuir las actividades en un tiempo determinado.
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Dificultades para orientarnos en el espacio: por ejemplo en la calle.

¿CÓMO, CUÁNDO Y POR QUÉ CONSULTAR?

Pide cita en tu centro de salud si

Has tenido un ictus o un “miniictus” (AIT) y necesitas seguimiento. Tienes factores de riesgo como tensión alta, colesterol alto, diabetes o problemas del ritmo del corazón. Fumas, tienes sobrepeso o haces poco ejercicio. Tienes antecedentes familiares de ictus u otras enfermedades del cerebro. Has notado síntomas leves que han desaparecido en pocos minutos (puede ser una señal de aviso). Quieres mejorar tus hábitos para cuidar tu cerebro y tus arterias: alimentación, actividad física, control del estrés, descanso… Necesitas revisar o ajustar la medicación, renovar recetas o resolver dudas con tu equipo de salud.
Muchas personas no tienen síntomas antes de un ictus. Por eso, las revisiones periódicas y el control de los factores de riesgo son fundamentales para prevenirlo. No esperes a encontrarte mal para empezar a cuidarte.

Acude a urgencias si

Llama al 061 o al 112 de inmediato si tú o alguien cercano presenta de forma repentina:
Pérdida de fuerza o sensibilidad en la cara, un brazo o una pierna, sobre todo en un solo lado del cuerpo. Dificultad para hablar o para entender lo que te dicen. Problemas para ver con uno o con los dos ojos. Mareo intenso, pérdida de equilibrio o dificultad para coordinar movimientos. Dolor de cabeza muy fuerte y repentino, sin causa aparente. Si notas asimetría facial, dificultad para mover un brazo o problemas para hablar: Actúa rápido - llama 112
Puedes recordar los signos del ictus con la regla "CÓDIGO ICTUS": Cara, Brazo y Habla El ictus es una emergencia médica. Cuanto antes se reciba atención, mayores son las posibilidades de recuperación.
información

Cuando vengas a tu consulta, es útil prepararte un poco para aprovecharla mejor:

flecha Trae contigo toda la información que tengas: análisis recientes, informes médicos o una lista de la medicación que tomas actualmente.
flecha Apunta antes tus dudas, preguntas o preocupaciones, aunque te parezcan pequeñas. Todo es importante.
flecha Si llevas control de cosas como el peso, la tensión, el azúcar, el sueño o lo que comes, tráelo para poder revisarlo conjuntamente.
flecha No olvides tu tarjeta sanitaria o algún documento de identificación.

8 FACTORES QUE PUEDO MODIFICAR PARA MEJORAR MI CONDICIÓN COMO PERSONA CON ICTUS

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Alimentación saludable

La dieta mediterránea es el mayor ejemplo y será importante reducir el consumo de sal, aumentar las legumbres, frutas y verduras. El exceso de grasas saturadas endurece las arterias.

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Actividad física regular

Realizar ejercicio aeróbico moderado como caminar, nadar o montar en bicicleta al menos 30 minutos al día ayuda a fortalecer tu corazón. El sedentarismo endurece las arterias y dificulta la circulación sanguínea.

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Control de peso

Mantener un peso saludable reduce el trabajo del corazón y alivia las arterias. El exceso de grasa abdominal sobrecarga el corazón y aumenta el riesgo de infarto.

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No fumar

No fumar retrasa la pérdida de función pulmonar y mejora la supervivencia, incluso en personas que han tenido un ictus. ¿Quieres intentar dejar de fumar?

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Evitar el alcohol

Evitar el alcohol ayuda a prevenir daños en el cerebro y mejora la circulación. El exceso de alcohol debilita el músculo cardíaco y eleva la presión arterial.

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Dormir adecuadamente

Dormir 7-9 horas diarias sin interrupciones ayuda a cuidar el cerebro.

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Reducir el estrés

El estrés acelera el pulso, eleva la tensión y puede provocar un ictus. La relajación, respiraciones profundas o actividades como yoga y taichí pueden ayudar a reducir el estrés.

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Tomar adecuadamente la medicación pautada sin olvidos ni abandonos y conocer sus efectos

Para poder gestionar los efectos secundarios.

3 RAZONES PARA SER PACIENTE ACTIVO/A

1

Podrás ser más independiente y mejorar tu autoestima

Podrás ganar en autonomía y mejorar el día a día de tu problema de salud gracias a los conocimientos y habilidades que adquirirás participando en el Programa.

2

Te sentirás mejor

Podrás mejorar el control de tu enfermedad aplicando los hábitos de vida saludables que promueve el Programa.

3

Podrás compartir tu experiencia con otras personas

Tendrás la ayuda de otras personas con tu misma enfermedad y de profesionales sanitarios para resolver tus dudas y compartir experiencias.

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Constan de 6 sesiones para entender y convivir mejor con tu enfermedad.

Trataremos los siguientes aspectos:

  • Vivir con el ictus
  • Despertando emociones
  • Afrontamiento de la enfermedad y autocuidados
  • Estilo de vida y hábitos saludables
  • Actividad física y tratamiento
  • La realidad que me rodea y complicaciones de la enfermedad
  • Plan de acción
taller
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