¿QUÉ ES EL DOLOR?
Es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño real o potencial. Es una señal que envía el sistema nervioso para advertir de que algo no está funcionando correctamente. El dolor crónico se caracteriza por ser persistente (más de cuatro días a la semana) y durar al menos tres meses. Desde el año 2001, el dolor crónico está reconocido como una enfermedad en sí misma y no solo como un síntoma asociado a otros problemas de salud.
3 PREGUNTAS SOBRE EL DOLOR CRÓNICO NO ONCOLÓGICO
¿Cuántos tipos de dolor existen?
El dolor puede clasificarse según su duración, su curso, su causa y su intensidad.
Agudo: tiene una duración limitada (desde horas a menos de un mes) y cumple una función protectora, ya que es una señal de alarma que remite cuando cesa la causa o la lesión que lo produce.
Subagudo: dura entre uno y tres meses.
Crónico: persiste al menos durante tres meses, perdiendo su función protectora. Pasa de ser un síntoma aislado a transformarse en un problema de salud con un impacto negativo en diferentes esferas: orgánica, funcional, emocional, laboral, familiar, social y económica. Puede causar trastornos del sueño, pérdida de apetito, disminución del deseo sexual, pérdida de interés en algunas actividades y depresión.
Continuo: se mantiene a lo largo del día, no desaparece.
Intermitente: alterna episodios de dolor y momentos sin dolor.
Nociceptivo: desencadenado por la acción de un estímulo doloroso sobre las terminaciones nerviosas o por lesión en los tejidos corporales. Suele estar bien localizado. Según donde se origine puede ser:
- Somático: dolor superficial (piel o mucosas) o profundo (músculos, ligamentos, huesos, etc.).
- Visceral: tiene su origen en los órganos internos, suele ser difícil de localizar y se describe como un dolor profundo.
Neuropático: dolor causado por una lesión del sistema nervioso central o periférico. Puede ser causado por compresión de un nervio en concreto (por ejemplo, como consecuencia de una hernia en la columna vertebral) o porque se daña un nervio (como sucede en la diabetes). Suele describirse como dolor intenso al tacto, quemazón, pinchazos con alfileres, etc.
Mixto: presenta simultáneamente los dos anteriores.
Leve
Moderado
Intenso
¿Tiene tratamiento?
El primer paso para tratar el dolor crónico no oncológico es realizar, junto a nuestros profesionales de la salud, un plan terapéutico integral en el que los objetivos a alcanzar sean: reducir la intensidad del dolor haciendo un uso correcto de los medicamentos que nos pautan, mejorar nuestros hábitos de vida (alimentación, actividad física adaptada a nuestras capacidades, patrón de sueño) y preservar nuestra actividad laboral, social y familiar, y el tiempo de ocio.
Controlar nuestro dolor no solo depende de los profesionales sanitarios, una parte importante del tratamiento está en nuestras manos y requiere nuestro compromiso.
El tratamiento farmacológico constituye un componente necesario, aunque por sí solo no basta para alcanzar los objetivos planteados. Su elección depende del tipo de dolor del que se trate.
Podemos practicar algunas de las siguientes terapias por nuestra cuenta, pero también podemos ayudarnos de profesionales de la psicología que nos orienten personalmente acerca de cuál de ellas es la más adecuada para nuestra situación concreta y que nos ayuden a llevarlas a cabo.
- Relajación
El dolor provoca tensión y ansiedad, lo cual, a su vez, aumenta el propio dolor. La relajación, al reducir la tensión muscular, ayuda a aliviarlo o evita que empeore, por lo que es una técnica efectiva para la disminución del dolor crónico, si se practica regularmente. Quiero relajarme
- Terapia de aceptación y compromiso
Se basa en aceptar el sufrimiento y, por tanto, en dejar a un lado la evitación como estrategia de afrontamiento. Se ha comprobado que las personas que aceptan más su dolor puntúan más bajo en intensidad de dolor, presentan menos emociones negativas y disfrutan de una mayor calidad de vida.
- Mindfulness
Se basa en vivir el presente, en estar atento a lo que sucede sin juzgar ni interpretar, en aceptar la realidad como es. Puede considerarse como una técnica de focalización de la atención. Ayuda a aceptar el dolor y, por tanto, a reducir la evitación y a tener más control sobre la propia atención y percepción del dolor. Las personas que puntúan más alto en mindfulness sienten menos dolor, presentan una mayor calidad de vida y sufren menos emociones negativas (McCraken y Velleman, 2010). Quiero relajarme con ejercicios de atención plena
- Escritura emocional
Se trata de escribir los pensamientos o las emociones que no podemos expresar de forma verbal. Al escribirlos, vemos más claramente cuáles son nuestras emociones y no quedamos prisioneros de estas.
- Terapia cognitivo-conductual
Es un tipo de terapia psicológica en la que, mediante la ayuda de un psicoterapeuta, se realizan sesiones que ayudan a ser más conscientes de los pensamientos negativos, de forma que se logra ser más resolutivos en situaciones adversas, como es tener dolor crónico.
¿Puede afectar a mi vida sexual?
La salud sexual es un componente fundamental del bienestar de las personas. Algunas investigaciones indican que el dolor y, especialmente, el dolor crónico, produce cambios en la sexualidad en al menos el 70 % de las personas que lo sufren.
Comunicarnos con nuestra pareja. Es la base de una buena relación.
Tener en cuenta el punto de mayor efecto de la medicación, de forma que se minimice el dolor y el cansancio.
Cuidar nuestro cuerpo: buscar espacios y momentos para la autoexploración, solos o en pareja, y relacionarnos con nuestros pensamientos de manera saludable. También es importante conectar con nuestro cuerpo, sin verlo únicamente como un cuerpo doliente, para evitar asociarlo con sufrimiento. Además, podemos cuidar nuestra piel, arreglarnos y prestarnos atención personal. Arreglarse es el comienzo del éxito.
Estimular el deseo: jugar con la insinuación y con la seducción (música provocadora, temperatura ambiente adecuada, ropa sexi, etc.). Enriquecer el erotismo reduce las sensaciones dolorosas y da paso a otras agradables. Prepararse para el encuentro sexual incrementa el deseo.
Encontrar la posición: utilizar almohadas o cojines. Si es necesario, puede ser útil darnos una ducha caliente antes de la relación.
Utilizar ayudas para la relación: lubricantes, juguetes sexuales, juegos eróticos, etc.
Identificar los problemas concretos de la relación sexual: miedo a no ser atractivos por deformaciones físicas, miedo al incremento del dolor al practicar sexo, etc. Ser conscientes de que la conducta sexual incluye juegos, deseos, excitación, proximidad e intimidad y no solo desempeño y orgasmo.
Solicitar ayuda a nuestro profesional de confianza, que podrá orientarnos y ayudarnos para mejorar nuestra salud sexual. La sexualidad es un tema que ha de ser abordado.
Potenciar la comunicación sincera con nuestra pareja, tanto en la esfera sexual como en la afectiva. Es clave compartir miedos, deseos, necesidades y expectativas. Afrontar las dificultades positivamente, buscar puntos de encuentro y fomentar estrategias de adaptación y solución. Hablar puede ser la mejor medicina.
Si no podemos practicar sexo «como siempre»,
busquemos otras maneras de disfrutarlo.
7 FACTORES QUE PUEDO MODIFICAR PARA MEJORAR MI CONDICIÓN
COMO PERSONA CON DOLOR CRÓNICO NO ONCOLÓGICO
Aunque la nicotina puede ofrecer una analgesia leve y temporal, su consumo crónico provoca una hipersensibilidad al dolor.
Las personas con dolor crónico que realizan actividad física adaptada a sus capacidades presentan una mayor tolerancia a este.
Tomar adecuadamente la medicación pautada y conocer sus efectos
Para poder gestionar efectos secundarios y evitar abandonos innecesarios.
Es recomendable que lo evitemos en la medida de lo posible practicando la relajación, respiraciones profundas o actividades como yoga y taichí.
El exceso de peso, incluyendo la obesidad, puede exacerbar los síntomas del dolor crónico no oncológico y reducir la calidad de vida de quienes lo padecen.
El consumo del alcohol de forma crónica aumenta la sensibilidad al dolor, empeorando la sintomatología.
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Vivir con dolor crónico no oncológico
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Estilo de vida y hábitos saludables. El tratamiento que nos mejora
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Situaciones especiales. Asociaciones de pacientes
Plan de acción